miércoles, 29 de agosto de 2007

Ciruelas

Ciruelas


Las ciruelas son cultivos sencillos comparados con las manzanas, las peras y los melocotones. Son bastante resistentes, no sufren excesivas enfermedades y dan abundante cosecha por espacio de varios años. Hay multitud de variedades entre las que destacan la damascena, la Claudia, la de dama, la de pernigón, etc.


Suelo y clima:

Los ciruelos prefieren suelo profundo pero prosperan también en arcillas o margas profundas siempre que estén bien drenadas, pero no en las superficiales y secas. Los ciruelos damascenos toleran algo mejor los suelos poco profundos. Los ciruelos florecen tem­prano y son, por consiguiente, vulnerables a las heladas primavera­les por lo que no se los debe plantar en lugares en donde se reman­sen bolsas de aire frío. Lo mismo que otros frutales de climas templados, necesitan pasar por una fase de inactividad durante los inviernos fríos.


Tratamiento del suelo:

El mejor es un suelo de reacción neutra, con un pH de 7 más o menos, por lo que habrá que encalar si es ácido. Se labra (cava profunda) la tierra antes de plantarlos y si es posible se cultivan una o incluso dos cosechas de abono verde. Se las entierra después con la azada o con el motocultor. El terreno debe estar bien drena­do. De lo contrario, hay que llenar el fondo del hoyo con una capa de 30 cm de piedras y enterrar una tubería que conduzca el agua hasta un foso o un terreno más bajo.


Multiplicación:

Los ciruelos comunes y los damascenos han de injertarse siempre, como también lo estarán casi siempre los adquiridos en vivero. "Myrobalan B" es un buen patrón para árboles grandes de fruto abundante que toleren la arcilla. "St. Julien A" y "Common Plum" son mejores para ejemplares pequeños. Los ciruelos se plan­tan igual que los manzanos. No son autopolinizantes por lo que hay que plantar al menos dos, o más variedades compati­bles. Hay que asesorarse al respecto en un vivero. Hay que dejar 7 m entre los árboles formados (o pie alto) si están sobre patrón "Myrobalan", y 4.5 m entre los ejemplares plantados sobre patrón enano como por ejemplo "St. Julien". Los ciruelos se plantan tam­bién en bancal profundo circular. La plantación se hace a comienzos del invierno, pero en las regiones de inviernos excepcionalmente fríos se efectúa al inicio de la primavera.


Cuidados durante el crecimiento:

La abundancia de abono favorece a los ciruelos. Es muy conveniente soltar gallinas u otras aves por debajo de ellos; si no, hay que aplicar una buena cobertura de compost o estiércol de establo o de vacuno.


Poda: Los ciruelos se podan para darles las formas diferentes. La primera poda se hace en el momento de plantar el árbol, y las posteriores a comienzos del verano, ya que si se reali­zan en invierno existe el peligro de aparición del mal del plomo.


Los ciruelos producen algunos años un peso considerable de fruto y como sus ramas suelen ser bastante débiles, aquellas que tengan mayor cantidad de fruta requieren soporte. Hay dos mane­ras de hacerlo.


Plagas y enfermedades:

Los ciruelos sufren las mismas plagas y enfermedades que los man­zanos (véase Manzana) aparte de algunas propias.

Mal del plomo: El síntoma es que las hojas se platean, pero la enfermedad ataca y mata a todo el árbol. Lo causa un hongo que crece sobre madera muerta. Cuando se hace la poda intensa de comienzos del verano hay que quemar el ramaje cortado y cubrir las heridas con pintura con lo cual se queda a salvo de la enferme­dad.

Tizón bacteriano: Se evidencia primero en forma de rayas negras sobre los brotes jóvenes. Aparecen más tarde manchas negras sobre las hojas y los frutos, que se vuelven incomestibles. No hay más cura que podar y quemar la madera cortada. Algunas varieda­des son más resistentes que otras. El patrón "Myrobalan" confiere un cierto grado de inmunidad.

Pudrición del corazón: Se produce a veces cuando se dejan en el árbol tocones serrados; los tocones curan con lentitud por lo que las bacterias pueden penetrar y matar la madera que hay por debajo de la corteza. Para evitarlo hay que cortar todas las ramas a ras del tronco.


Recolección y almacenamiento:


Para preparar mermeladas o jaleas, o para embotellar (para lo cual las ciruelas son excelentes), se recogen los frutos cuando aparece el vello sobre ellos aunque antes de que se vuelvan blandos. Para consumo fresco se las recoge cuando están maduras, que es cuando se arrancan con facilidad del árbol. En los climas secos y cálidos las ciruelas destinadas a ser pasas se dejan en el árbol hasta que están bien secas y caen con facilidad. Se las seca después en bandejas al sol. En climas húmedos hay que hacerlo por medios artificiales.

sábado, 18 de agosto de 2007

Frambuesas

Frambuesas


Las frambuesas son uno de los mejores frutos blandos que puede cultivar el hortelano autosuficiente. Son resistentes y soportan el abandono, aunque no debieran tener que demostrarlo.


Suelo y clima:

Prefieren suelos ligeramente ácidos por lo que no debe encalarse en ninguna circunstancia. La cal causa clorosis (amarilleo de las hojas). De todas maneras necesitan que la tierra sea buena por lo que si el suelo es ligero y arenoso hay que incorporar gran cantidad de estiércol. Los frambuesos prefieren el sol, pero si éste es escaso en el huerto crecen también en un lugar umbrío.

Tratamiento del suelo:

Se cava en otoño una zanja de dos paletadas de profundidad y se la llena con una mezcla de tierra y compost o estiércol. Necesita gran cantidad de potasio por lo que conviene añadir ceniza de madera si se dispone de ella; en caso contrario se agrega cualquier otro abono potásico. Tiene raíces tanto superficiales como profundas y necesita abundante humus.


Si sólo se quiere tener una hilera no hay problema; pero las raí­ces se extienden mucho y para plantar más de una hilera hay que separarlas bastante: lo normal en los huertos comerciales es 1.8 m pero es suficiente con 1.2 m para ahorrar espacio.


Multiplicación:

Recomiendo encarecidamente adquirir patrones con certificado sanitario expedido por un organismo oficial. Esos ejemplares dan mejores cosechas y duran mucho más tiempo que los que se pue­den obtener de un vecino que corta en otoño los renuevos de sus ejemplares. Las plantas certificadas consisten en un tallo con un talón de raíz sobre ella. Se plantan las raíces separadas 30 cm en hileras distanciadas 1.2 m. Se las entierra a 8 cm, se las cubre de tierra y se aprieta bien. Hay que cortar el tallo acto seguido hasta dejarlo a 23 cm por encima del suelo.


No hay razón alguna para no multiplicar los propios frambuesos en años sucesivos. "Andan" lo mismo que las fresas pero lo hacen de un modo totalmente distinto. Con el método del bancal pro­fundo hay que plantarlos en hileras separadas entre sí 45 cm. Debido a que sus raíces son superficiales no es aconsejable el cultivo intercalado. No se los debe plantar en donde ha habido frambuesos con anterioridad ni tampoco inmediatamente después de las patatas o los tomates porque padecen algunas de las mismas enfermedades.


Cuidados durante el crecimiento:

No hay que dejarlos que den fruto el primer año: hay que arrancar las flores pues de lo contrario la fructificación debilita a la planta. En el segundo verano ya pueden producir. Hay que eliminar las malas hierbas en un radio de unos 30 cm alrededor de las plantas mediante un acolchado abundante, para el que puede utilizarse cés­ped segado, hojas o compost. Hay que hacer labor de azada entre las hileras. No deben dejarse arraigar malezas ni hierbas pues impiden el desarrollo de los frambuesos. Hay que verificar si el acolchado es lo bastante espeso cada primavera. Las hileras de los frambuesos son un buen sitio para depositar las cenizas de madera. El empalizado del frambueso es sencillo pero necesario. Hay que preparar una cerca con tres cables de alambre, el más alto situado a 1.5 m por encima del suelo, y los otros debajo a intervalos regulares. Se atan a ellos los tallos. Hay quienes utilizan tres pares de cables y se limitan a meter los tallos entre cada par. Da resultado pero es mejor atarlos.

Poda: En otoño, después de que se hayan marchitado todas las hojas, se cortan hasta cerca del suelo los tallos que hayan fructifi­cado y se los poda del modo indicado en la figura de arriba.


Conviene recordar que los frambuesos actúan como bienales aunque sean en realidad perennes. Las ramas que se desarrollan un año dan fruto al siguiente y mueren después. Por eso hay que cor­tar cada año las que han fructificado, y dejar las que han nacido ese mismo año pues son las que darán fruto al siguiente.


Plagas y enfermedades:

Existen varias enfermedades causadas por virus y hongos que afec­tan a los frambuesos. Si se observa decoloración u otro signo de enfermedad, hay que cortar y quemar la parte afectada.

Mosaico del frambueso: Es la peor de entre las diversas virosis que se presentan y hace que las hojas se ricen y muestren manchas rojas y amarillas. Hay que arrancar los ejemplares afectados y quemarlos. Si no se hace, los pulgones trasmiten el virus a otras plantas.

Carencia de hierro: Si se observan zonas amarillas entre los nervios de las hojas es probable que se trate de falta de hierro. Apa­rece con mayor frecuencia en suelos muy alcalinos.


Recolección y almacenamiento:


Lo mejor es comer, crudas con nata, tantas como se pueda. El resto se guarda: se congelan y embotellan. Cuando llueve encima del fruto maduro hay que recogerlo en cuanto cesa la lluvia y congelarlo o embotellarlo; si no se hace así se enmohece. No deben dejarse frutos enmohecidos en la planta, pues el moho se transmitiría a otras plantas.

viernes, 3 de agosto de 2007

Fresas

Fresas


Es divertido cultivar fresas, aunque un poco difícil. Todos los hor­telanos están de acuerdo con la frase de que "sin duda Dios pudo haberlas creado mejores, pero indudablemente no lo hizo".


Las fresas son plantas que "andan", ya que son perennes que no poseen un sistema complicado de raíces. Por esa razón, cuando agotan el suelo sobre el que viven en uno o dos años, para huir de él y encontrar otro nuevo, echan estolones que se desplazan reptando por el terreno hasta dar con el lugar adecuado donde enraizar.


Existen diversas variedades de las llamadas fresas "trepadoras" o "perpetuas". Fructifican más tarde que las variedades normales y lo siguen haciendo hasta finales del otoño. Conviene plantar algu­nos ejemplares para poder saborear esta fruta en tiempo frío. For­zando en primavera las variedades normales bajo campana, túneles de plástico o miniinvernadero, y disponiendo asimismo de variedades trepadoras, es posible comer fresas desde principios del verano hasta el otoño.


Suelo y clima:

Las fresas son especies de bosque y esto es algo que hay que tener en cuenta en el momento de elegir y buscar su ubicación. Significa que toleran la sombra aunque fructifican mucho mejor al sol; pre­fieren gran cantidad de humus (crecen en mantillo casi puro, como sucede en estado silvestre); no ponen tampoco reparos a medios bastante ácidos. Prosperan mejor en los suelos ligeros que en los arcillosos, pero si disponen de humus abundante crecen en cual­quier lugar bien drenado. Son una especie de clima templado y adquieren mejor sabor en los climas fríos que en los cálidos. Con viene trasladarlas cada tres años con nuevas plantas a un terreno fresco.

Tratamiento del suelo:

Hay que cavar el terreno a la profundidad de una paletada e incor­porar una gran cantidad de compost o de cualquier abono orgá­nico bien maduro. Las fresas crecen asimismo con esos sistemas hortícolas en que no se labra la tierra siempre que la tie­rra esté cubierta de suficiente compost. Son también muy exigentes en cuanto al potasio, por lo que si se dispone de cenizas de madera conviene aplicarlas encima. El estiércol de granja es también rico en potasio.


Multiplicación:

La primera vez que se planten fresas hay que adquirir patrones libres de virus de un proveedor digno de confianza y provistos de certificado fitosanitario. A menos que se quieran obtener nuevas variedades, en cuyo caso hay que lograrlas a partir de semilla, lo mejor es multiplicarlas a partir de estolones. Existen pocas varieda­des que no formen estos últimos, y se las multiplica por división de la corona.


La mayoría de las variedades de fresa dan estolones que echan raíces por sí mismos, pero una manera de estimular su formación es mediante la eliminación de las flores de algunos de los ejemplares. Todo lo que hay que hacer es separar el estolón de la planta principal, desenterrar la plantita que tiene en su extremo y trasplan­tarla. Más seguro es colocar pequeñas macetas de tierra cerca de la planta madre y sujetar sobre ellas los extremos de los estolones. Cuando han echado raíces se los separa de la madre, se desentie­rran las macetas y se los transplanta a su emplazamiento definiti­vo. Con este sistema es posible establecer un nuevo fresal cada año y levantar otro después de que haya dado fruto durante tres temporadas. Así, cada otoño habrá un fresal recién plantado, uno de un año, otro de dos y otro de tres, este último a punto de ser arranca­do. Los nuevos deben plantarse lo más lejos posible de los viejos para evitar la propagación de enfermedades.


Es posible plantar o transplantar fresas en cualquier época del año (si los inviernos son suaves) pero lo tradicional es hacerlo a finales del verano, pues así se puede recoger una cosecha al año siguiente. Hay que colocarlas separadas 38 cm en hileras distancia­das 75 cm. Debe dejarse la corona a nivel del suelo pero con las raíces extendidas a lo ancho y en profundidad. Hay que regar bien las nuevas plantas.


Las fresas crecen muy bien en bancal profundo. Su plantación y distancias son las mismas que en bancal corriente.


Cuidados durante el crecimiento:

Es muy fácil que las malas hierbas infecten un fresal. Las plantas se extienden de modo incansable y resulta muy difícil desherbar. Hay que utilizar la azada mientras sea posible, y luego escardar a mano. Si la plantación se hizo entre el final de un verano y el comienzo del siguiente, no debe dejarse fructificar hasta el año des­pués y no antes: durante el primer verano de las plantas se arran­can las flores.


Debe pasarse la horquilla sobre el terreno en primavera, cuando las plantas comiencen a extenderse, y poner abundante paja debajo de los tallos. Así se eliminan las malas hierbas y se mantiene a las fresas limpias y sanas. Pero hay que vigilar la presencia de las ba­bosas.


Si hay muchos pájaros hará falta colocar una red. Ésta puede estar a baja altura sobre los fresales, en cuyo caso hay que retirarla cada vez que se recogen fresas; también puede tratarse de una jaula para frutales, que resulta cara, a menos que la construya uno mismo.


Plagas y enfermedades:

Debe evitarse administrar excesivo nitrógeno a las fresas, pues las debilita y abre las puertas a las enfermedades.

Mildiu: Se presenta en forma de polvo blanco que da a las fresas un color marrón apagado. Hay que rociar con azufre a intervalos regulares.

Pulgones: Son una amenaza porque propagan virus, especialmente los causantes del encrespamiento y de las manchas amarillas de las hojas, que debilitan a las plantas. Para evitarlo, en abril hay que rociar con abundante nicotina o derris el centro de las plantas. No debe usarse nicotina cuando las fresas están casi maduras.

Escarabajo del fresal: Este pequeño insecto devora las fresas. Hay que mantener bien desherbada la parcela, evitando de ese modo que los escarabajos se instalen en las proximidades.

Moho gris: Se le llama también botritis. Aparece primero en forma de mancha gris sobre las flores y después sobre los frutos, en donde se desarrolla hasta formar una vellosidad grisácea que los pudre. Hay que espolvorear azufre sobre las flores en cuanto aparece el primer signo.

Podredumbre: Si se pudren las fresas después de llover hay que arrancarlas y echarlas al montón de compost. Deben recogerse sin demora todas las que están maduras después de llover.


Recolección:

Hay que arrancar los frutos de la planta con el peciolo intacto, que sólo se quita en el momento antes de consumirlos; de lo contrario se pierden vitaminas y otras sustancias nutritivas. Se deben guar­dar a la sombra durante algunas horas o en la nevera por espacio de uno o dos días. Las fresas pueden congelarse, pero al desconge­larlas se tornan blandas.


Después de recogida la cosecha se quita la paja de debajo de los tallos y se limpia la parcela de hojas muertas, estolones sobrantes y malas hierbas.

martes, 24 de julio de 2007

Manzanas

Manzanas


Las manzanas son, con mucho, el cultivo más importante de frutos de pepita en los climas templados. Teniendo variedades tempranas, tardías y otras para guardar, no se carecerá de ellas durante todo el año. La escasez se produce en verano, pero es cuando hay abundancia de frutos de hueso y bayas.


Suelo y clima:

El manzano prefiere una tierra franca buena, profunda y bien drenada, aunque si es pesada se desarrolla también. No crece en gra­veras, suelos muy arenosos, arcillas compactas o tierras superficiales sobre subsuelos calcáreos. Si el terreno no es el adecuado, es siempre posible excavar un gran hoyo, donde se quiera plantar este frutal e incorporar algo de buena tierra procedente de otro lugar. Y, desde luego, toda clase de suelo, ya sea demasiado pesado o ligero, es susceptible de mejora, con abundancia de estiércol.

Los lugares en los que crecen melocotoneros, parras, higueras, albaricoqueros, cítricos y similares no son adecuados para los manzanos. Estos son árboles de climas frescos y requieren de un período de letargo invernal. No les importan los inviernos muy fríos (algunas variedades viven en Alaska) pero no toleran las hela­das tardías una vez iniciada la floración. Este tipo de heladas son las que se abaten sobre los campos en noches tranquilas y claras. Por esta razón hay que procurar no plantarlos en "bolsas de hela­da": esos lugares en los que queda atrapado aire frío después de descender de terrenos elevados. El fondo de los valles y las laderas de las colinas, en especial si tienen obstrucciones tales como un seto, son sitios que forman con gran frecuencia estas bolsas de aire helado. Si el terreno no es liso hay que plantar los manzanos en la parte alta de una colina o en cualquier elevación, en donde no se detenga el aire frío. Pero tampoco se los debe plantar en un lugar expuesto a los vientos.


Tratamiento del suelo:

Es muy conveniente una buena labranza del terreno, cava pro­funda e inversión de la tierra, antes de plantar los frutales. Después de hacerlo, lo mejor sería cultivar una o dos cosechas de plantas de abono verde para después incorporarlas al terreno, con auxilio del azadón, del arado o del motocultor. Si se tiene prisa, que es lo que me pasa a mí siempre, es suficiente con un buen laboreo. Mejora el drenaje y mata a las malas hierbas perennes. Después de la cava hay que apretar la tierra para lo cual se pasa un rodillo o se pisa encima. Se la deja a continuación durante dos semanas para que se asiente. Hay que comprobar con toda certeza si el terreno está bien drenado.


Cuando el terreno es pesado hay que actuar con prudencia. Si se excava un hoyo para el frutal y se llena con compost y excelente tierra franca sucede a veces que sólo se consigue crear una charca. El agua se sume en la tierra y llena el hoyo pero no puede seguir su camino a causa de la arcilla circundante, con lo cual al árbol le falta aire en sus raíces. Para resolver este problema se llenan los 30 cm del fondo del hoyo con piedras y se colocan tuberías de dre­naje que desagüen a un punto más bajo del terreno. Esta disposi­ción permite que el agua escape.


El suelo para los manzanos debe ser de reacción neutra, con un pH de 7 más o menos. Por tanto, si es ácido, hay que encalarlo, aunque con cuidado de no volverlo alcalino en exceso pues aunque los frutales de hueso necesitan cal abundante, los manzanos no.


Multiplicación:

La mayoría de las variedades de frutales no se obtienen a partir de semilla. Las semillas son el producto de la reproducción sexual y en cada una de ellas, por consiguiente, van aunadas las característi cas del padre y de la madre. Para establecer nuevas variedades, no obstante, sí que hay que obtenerlas a partir de semilla (de hecho no existe otro medio) pero una vez encontrada una que resulte ade­cuada, la única manera de reproducirla es por vía vegetativa en lugar de sexual. En otras palabras, hay que utilizar esqueje en lugar de semilla.


A menos que se tenga interés especial en la multiplicación de los frutales, lo mejor es adquirirlos en un vivero. La mayoría de los que se compran están formados por dos variedades distintas de la misma especie, unidas por injerto. Los especialistas seleccionan patrones con determinadas características de resistencia y vigor (para ellos vigor significa el tamaño del árbol cuando se ha desa­rrollado por completo) y seleccionan después otras variedades que muestren buenas características de producción de fruta, que injer­tan a continuación sobre las primeras.


Si se planta directamente en la tierra una pepita de camuesa se obtendrán, desde luego, manzanas de esa clase (si es que la pepita sobrevive), pero el árbol no poseerá la resistencia y vigor que resul­tarían de injertarlo sobre un patrón adecuado. Este último es el que decide el crecimiento del árbol. De este modo, si se usa una varie­dad enana como patrón se obtendrá un frutal enano, o sea, más pequeño de lo que crecería a partir de una semilla.


Existe una organización de reconocido prestigio en todo el mundo dedicada a la obtención de nuevos patrones, que es la East Mailing Research Station, en Kent, Inglaterra. Se cultivan allí miles de nuevas variedades de manzanos y perales, se las vigila y somete a cuidadosa evaluación de la que resultan unas pocas selecciona­das para la reproducción vegetativa. Así pues, en todo el mundo se cultivan manzanos y perales sobre patrones de Mailing.


La mayoría de los manzanos se cultivan en la actualidad sobre patrones enanos. Para distinguir los diversos tipos de éstos se los marca con la letra M (de Mailing) seguida de un número. El tipo más enano es el M19 que produce pequeños árboles de madura­ción temprana pero de frutos grandes, aunque crece sólo en tierras buenas. M26 y MM106 son buenos patrones semienanos y M25 es un patrón muy bueno para ejemplares grandes. M2 y Mili son buenos para el cultivo de árboles grandes sobre suelos pobres.


Es posible también plantar pepitas a fin de obtener uno mismo sus propios patrones y cortar "púas", que son ramillas fructíferas de la misma temporada y que suelen medir unos 45 cm de largo. Pueden unirse ambos mediante injerto. Esto es muy interesante si se dispone de espacio en el huerto y resulta asimismo una actividad muy provechosa.


Los manzanos de pie alto se plantan separados 5 m. Los árboles grandes se cultivan en bancal profundo de forma circular: las variedades enanas o esféricas crecen bien en un bancal profundo normal, separadas 1.8 m, con otras plantas cultivadas entre ellas y a los lados del bancal.


Cuidados durante el crecimiento:

Hay que mantener en todo tiempo un acolchado alrededor del árbol. Conviene tener en cuenta que esa cobertura desaparece con rapidez; las lombrices arrastran los materiales orgánicos dentro de la tierra, donde se descomponen y producen un gran beneficio. Hay que reponer el acolchado con tanta frecuencia como haga falta.


Durante los cuatro primeros años de la vida del árbol éste requiere que el terreno de su alrededor esté libre de hierbas; en el huerto esto significa todo el terreno entre los árboles. Lo que sí puede cultivarse son fresas pues no obstaculizan la nutrición de los frutales, aunque lo mejor para los ejemplares jóvenes es dejar la tie­rra labrada y libre de plantas durante todo el verano, para sembrar en otoño un cultivo invernal de abono verde. Lo ideal es una mez­cla de centeno y veza.


Poda:

La poda de los frutales es una ciencia por sí misma y la mejor manera de aprenderla es observar cómo lo hace un podador experi­mentado. En la página 100 se explican las técnicas básicas.


La ¡dea central de la poda consiste en dar forma al arbusto y controlar el número de ramas fructíferas para obtener buenos fru­tos en abundancia y no un exceso de ellos pero de inferior calidad. Existen dos formas principales de poda: la invernal y la estival. Son bastante diferentes y persiguen fines distintos.


La poda invernal, encaminada en esencia a dar forma al árbol, estimula el crecimiento vegetativo aunque en detrimento a veces de la fructificación: cuanto más se lo pode con mayor rapidez crece. Pero un árbol que gasta todas sus energías en crecer no da fruta. Por esa razón, una vez que el ejemplar ha alcanzado su tamaño definitivo (por lo general al cabo de unos cuatro años en los de tallo alto) hay que restringir esa poda invernal al mínimo. La poda esti­val, que consiste en una reducción de la vegetación de la tempo­rada, contribuye a evitar que el árbol crezca demasiado o a exce­siva velocidad, y estimula una fructificación más temprana.


Plagas y enfermedades:

La mayoría de los fruticultores comerciales combaten las plagas y las enfermedades con un constante rociado de insecticidas y fungi­cidas cada vez más mortíferos. Se envenena así a los parásitos pero también a sus predadores naturales. A medida que se inmunizan contra varios pesticidas hay que aplicar éstos en cantidades cada vez mayores: no es nada extraño pulverizarlos hasta veinticuatro veces en una misma temporada.


Mi opinión es que con un rociado de la solución invernal ade­cuada a finales del invierno, antes de que se abran las yemas, es más que suficiente. Pero aparte de esa pulverización hay que llevar a cabo otras operaciones.


Lo primero y más importante es la higiene. No deben dejarse en el suelo restos de poda, frutos podridos u otros residuos. Si no puede consumirse la fruta que cae, se echa en la pila de compost. Hay que quemar todos los restos de poda. Cuando caigan las hojas debe dejarse a las lombrices que se encarguen de enterrarlas, a menos que estén atacadas por el mildiu, en cuyo caso es necesario quemarlas. No deben dejarse los árboles enfermos o atacados por el cancro, hay que arrancarlos y quemarlos.


Si existen muchos bichos dañinos se coloca una tira ancha de papel o tela untada de grasa alrededor del tronco de cada árbol. Los insectos que suben por ellos se quedan pegados.


Si se tienen gallinas, conviene dejarlas sueltas por debajo de los frutales pues se comen gran cantidad de gusanos perjudiciales. A mediados del verano hay que examinar con cuidado los arbolitos jóvenes y arrancar cualquier fruto deforme o enfermo que se arro­jará al montón de compost.


Mal blanco: Si los árboles padecen de cualquier tipo de mal blanco que origina una pelusilla blancuzca sobre las hojas, hay que quemar éstas cuando caigan en otoño o incorporarlas a la parte cen­tral del montón de compost.


Gusano de las manzanas: Son polillas que depositan sus huevos en las flores y cuyas orugas acaban penetrando en los frutos. La solu­ción consiste en colocar papel ondulado o tela de saco vieja alrede­dor de los troncos y de las ramas principales a mediados del estío. Las orugas se refugiarán en ellos para dar la pupa, momento en que se las quema, en otoño. Antaño se solían encender fogatas en el huerto por el solsticio de estío para que las polillas volaran hacia las llamas.


Roña o moteado: Es un hongo que forma manchas pardas sobre la fruta. Siempre que sean de tamaño pequeño no tienen importancia. Un rociado invernal con fungicida y una cuidadosa higiene son los únicos remedios.


Hoplocampa del manzano: Las larvas amarillentas perforan túne­les en los frutos y los dejan a veces incomestibles en su totalidad. Esto sucede a finales del verano y las manzanas quedan cubiertas de cicatrices en forma de cinta. Se las atrapa en esta época en tarros de cristal tapados con gasa en la que se hacen agujeros de tamaño tal que no permita el paso de las abejas. Se llenan los tarros de agua mezclada con azúcar, miel, melaza o similar, y se cuelgan de las ramas por el lado soleado de los árboles.


Pulgón lanígero: Es una plaga que ataca a las manzanas y a las hojas causando sobre las mismas una pelusa parecida a la lana. Si se aplica alcohol metilado sobre esas manchas se matan las larvas. Otra posibilidad es cultivar alforfón al lado de los árboles, pues esto atrae a ciertas moscas que depositan sus huevos cerca de los Áfidos. Cuando nacen las larvas, se meten debajo de la "lana" y devoran a los pulgones.


Gorgojo del manzano: Deposita sus huevos en las flores. Esto hace con frecuencia que éstas se vuelvan de color pardo y se marchiten. Los gorgojos adultos devoran las hojas. Si se presenta esta plaga hay que colocar un mes antes las mismas trampas utilizadas para las polillas, pues capturan a ambos insectos.


Cancro: Ataca a los frutales principalmente en los climas húmedos. Se producen podredumbres en las ramas o los troncos. Hay que cortar las ramas afectadas y la parte dañada del tronco para dejar la madera limpia, y pintar luego las heridas.


Recolección y almacenamiento:

Hay que recoger las manzanas en verano o antes, y consumirlas o conservarlas con rapidez. Las tardías son las más indicadas para guardar.


No debe almacenarse fruta dañada, inmadura o pasada o aque­lla que carezca de pecíolo. La temperatura ideal para el almacena­miento es de 4°C. Las heladas son tan nocivas como los calores excesivos. La ventilación debe ser buena pero no demasiado fuerte; no hay que permitir corrientes de aire. Hay que evitar también los lugares muy secos; si parece que el aire se seca, conviene rociar agua por el suelo. Los recintos de paredes gruesas y suelo de pie­dra, tierra o ladrillo son mejores que los desvanes. Se colocan las manzanas en capas sencillas de modo que no se toquen entre sí o bien se envuelve cada fruto en papel de periódico o incluso en trapos untados de aceite. No deben guardarse junto con sustancias de olor intenso.


Un método nuevo de guardar tanto las manzanas como las peras es el de las bolsas de politeno, en cuyo caso no es necesario envolver cada manzana por separado.

sábado, 14 de julio de 2007

Melocotón y albaricoquero

Melocotón y albaricoquero


El melocotonero y el albaricoquero son muy similares y deben cultivarse del mismo modo; comparten las mismas plagas y enferme­dades. Hay infinidad de variedades de uno y otro que se diferencian por la lisura o color de la piel, la adherencia de la pulpa al hueso, etc. Son las pavías, griñones, duraznos, fresquillas; botánicamente son idénticos. En climas frescos sólo merece la pena cultivarlos si ya se tienen suficientes manzanos, perales y ciruelos. En cambio, en climas más cálidos pero no subtropicales se los puede considerar como frutales principales. Se cultivan también en inver­nadero.


Suelo y clima:

Los melocotoneros y albaricoqueros crecen en arena o en suelos muy arenosos o abundantes en grava, siempre que dispongan de humus en abundancia. Gustan de veranos muy calurosos e invier­nos bastante fríos. Lo ideal es que la temperatura invernal esté por debajo de los 4 "C durante algunas semanas para que gocen de un período de inactividad, aunque sin que llegue a hacer excesivo frío. Ambos han de estar en un lugar soleado y no se los debe cultivar en donde se formen bolsas de aire helado. Un sitio muy adecuado es una pendiente hacia un lago, un río o un estuario. En climas templados frescos, son de cultivo difícil al aire libre, aunque es posible tener éxito si se los despliega en abanico contra una pared orientada al sur. Sin embargo, si hay que tenerlos en lugar abierto es mejor una pendiente orientada al norte que al sur. Esto se debe a que de este modo no florecen temprano con lo cual se libran de las heladas tardías.

Tratamiento del suelo:

Hay que hacer una buena cava e incorporar humus abundante, aunque no demasiado rico en nitrógeno. El exceso de este elemento vuelve a los melocotoneros exuberantes y tiernos y, por lo tanto, más vulnerables a los daños de la helada. La turba y el mantillo son muy buenos. Lo ideal es un pH de 6 o algo más.


Multiplicación:

Los melocotoneros se plantan a comienzos de la primavera, excepto en climas muy suaves, ya que el tiempo frío les perjudica en su primer año. Debe elegirse una variedad de la que se sepa que es apta para la zona (para ello se pregunta en un vivero local) y se plantan del mismo modo que los manzanos. Se cultivan también en bancal profundo circular. Existe la posibili­dad de adquirirlos ya injertados o de preparar uno el propio injerto


Si se quiere un árbol pequeño, "St. Julien A" es un buen patrón; Brompton es el mejor para los ejemplares grandes. En la actualidad se están obteniendo variedades resistentes y especiales de melocotonero que no requieren injerto.


Cuidados durante el crecimiento:

La fruta sale sólo en la vegetación leñosa del año anterior, hecho que conviene recordar al podar. Al plantar un arbolito joven hay que recortarlo hasta unos 60 cm sobre el nivel del suelo exacta­mente por encima de una rama. A principios del verano se le hace otra poda intensa; se cortan todas las ramas hasta 25 cm del tronco (no a ras de éste). Las nuevas ramas se desarrollan durante el primer verano al lado de los muñones de las viejas. Se eliminan todas excepto tres que constituirán el "esqueleto" del árbol.


Lo que se persigue ahora es hacer que la más recta de las nuevas ramas ascienda en vertical y forme un tronco o, mejor aún, que las tres crezcan hacia arriba separadas entre sí formando un trípode invertido. Todas las podas subsiguientes, que deben hacerse cada año a principios del verano, deben mantener esta forma. Se elimi­nan los brotes dirigidos hacia el interior y se recortan todos los que hayan muerto en su ápice hasta lograr madera blanca sin manchas marrones en el medio. Hay que proteger todas las heridas con pin­tura.


En climas fríos, a los melocotoneros hay que aplicarles nitró­geno a principios de la primavera a razón de 28 g por cada año de crecimiento del árbol. Esta cantidad dosificada permite que el árbol crezca con vigor y fructifique en verano pero detenga su desarrollo antes de la llegada del invierno, cuando las heladas dañarían la nueva vegetación.


Los frutos deben aclararse hasta obtener uno cada 25 cm de rama. Lo mejor es hacerlo en dos fases: hacia mediados del verano se aclaran a 10 cm y unas cuatro semanas después, cuando los fru­tos sean del tamaño de una nuez, a 25 cm.


Plagas y enfermedades:

Rizado del melocotonero: Es una enfermedad muy común en Euro pa. Las hojas se rizan y se arrugan. Hay que rociar con caldo bórdeles a mediados del invierno y de nuevo un mes más tarde. Vuelve a rociarse en otoño antes de la caída de la hoja.

Manchas de las hojas: Es una enfermedad bacteriana que produce manchas pardas sobre las hojas y que llega a resultar grave.


Recolección y almacenamiento:


Cuando los melocotones se ponen amarillos y resultan algo blan­dos al apretarlos, es el momento de recogerlos. Girando un poco el fruto se lo desprende. Puede estar almacenado hasta una quincena en un sótano fresco; otros destinos son la congelación o el envasado. Los albaricoques se cogen y consumen cuando están blandos y maduros, o bien se arrancan un poco antes, cuando todavía están algo duros, y se los pone a secar. Para hacer esto se parte el fruto por la mitad y se retira el hueso. Se los deja después en bandejas al sol, con la cara de partición hacia arriba, hasta tres días.

viernes, 6 de julio de 2007

Membrillos

Membrillos


Los membrilleros están tan emparentados con los manzanos y los perales que estos últimos suelen injertarse sobre ellos ya que son resistentes y producen árboles pequeños. No se los cultiva tanto como se debiera; tienen un sabor delicado y muy especial, y la jalea preparada con ellos es una de las mejores experiencias gastro­nómicas del mundo.


Suelo y clima:

Crecen en cualquier suelo o clima en donde lo hagan los manzanos (véase Manzana) aunque son algo más delicados. Prefieren veranos cálidos e inviernos no demasiado fríos. El suelo pesado les va bien, pero ha de estar drenado.

Tratamiento del suelo:

Hay que hacer una cava profunda del terreno y, si no se tiene prisa, conviene cultivar y enterrar a continuación uno o dos cultivos de abono verde. El suelo debe dar reacción neutra, con un pH 7. Los membrilleros no toleran el exceso de nitrógeno pero necesitan fos­fato y potasio.


Multiplicación:

Si no se compran los plantones en un vivero, la mejor manera de conseguirlos es a partir de esquejes tomados de los renuevos que el árbol echa cada año. En otoño se cortan tiras de 23 cm de largo y se entierran en suelo arenoso hasta dos tercios de su longitud. Al cabo de un año se los lleva a su emplazamiento definitivo.


Cuidados durante el crecimiento:

Los membrilleros se podan dándoles cualquiera de las formas posi­bles o se los deja a su aire, en cuyo caso adoptan forma arbustiva, amplia y achaparrada. No son propensos al ataque de plagas ni enfermedades.


Recolección y almacenamiento


Los frutos se dejan en el árbol hasta que se producen las primeras heladas intensas. Con ellos se prepara jalea, o si no se tiene tiempo para hacerlo de inmediato se los guarda en ambiente húmedo y fresco por espacio de hasta tres meses.

domingo, 24 de junio de 2007

Arándanos

Arándanos


Los arándanos son los frutos idóneos para quien disponga de sue­los arenosos, ácidos y empapados situados en climas fríos. El nom­bre de arándano se usa a veces de modo erróneo como denomina­ción colectiva de varias especies de Ericáceas, la familia de los bre­zos, que incluye algunas como el arándano amargo. Todos estos frutos comestibles crecen en estado silvestre en los climas fríos de montaña en donde no prosperan más frutales. Sin embargo, sólo el arándano en sentido estricto puede cultivarse con éxito y de él existen diversas variedades mejoradas. Es un arbusto que tiene atracti­vas flores de color blanco o rosa y un brillante colorido otoñal en sus hojas. Alcanza una altura de hasta 4.5 m. Maduran con lenti­tud; al cabo de tres años lo más probable es que den solamente algunos pocos frutos y tardan hasta ocho años en dar una cosecha completa. Los arbustos maduros dan una producción elevada.

Suelo y clima:

Los arándanos silvestres crecen en suelos muy ácidos con un nivel freático elevado. Carecen de pelos radicales por lo que son incapa­ces de absorber la humedad de las partículas de tierra como hacen otras plantas. Necesitan por consiguiente que el agua llegue hasta sus raíces. Tampoco pueden absorber los nitratos y es necesario que el nitrógeno esté en forma de amoniaco. Esto significa que el suelo debe ser ácido, pues las bacterias formadoras de amoniaco no pueden vivir en otros suelos.


Lo ideal es plantarlos en un suelo ligeramente franco con humus abundante y algo de arena y con un pH que no supere el 5; un valor de 4.5 es idóneo. Requieren un clima frío con al menos 100 noches en las que la temperatura sea de 4 °C, aunque hay que plan­tarlos a pleno sol.


Tratamiento del suelo:

Los arándanos necesitan gran cantidad de material orgánico. No crecen en suelos de mineral puro por mucha cantidad de abono artificial que se añada. Si el pH es superior a 5 hay que disminuirlo mediante la adición de mantillo, serrín o turba algunos meses antes de iniciar la plantación.


Multiplicación:

Los arándanos no echan raíz con facilidad por lo que es mejor comprarlos en un vivero. Se plantan en primavera separados 1.8 m en hileras distanciadas 2.5 m, dentro de hoyos poco profundos lle­nos de una mezcla a partes iguales de tierra fértil y materia orgáni­ca. Después de plantar hay que acolchar abundantemente con serrín y cortar cada rama por la mitad. Los arándanos se obtienen asimismo por acodos. Hay que hacer una incisión en la parte inferior de cada rama antes de sujetarla al suelo para el acodo.


Cuidados durante el crecimiento:

Durante el primer año el suelo debe mantenerse constantemente húmedo debajo del acolchado. No debe dejarse que los arbustos den fruto alguno durante los cuatro primeros años. Deben arran­carse los ramilletes de ñores. A partir del quinto año deben cor­tarse todas las yemas fructificantes excepto una cada 7 cm. Hay que cortar asimismo algunas de las ramas principales con el fin de dejar una por cada año del árbol. Las pequeñas ramas laterales se cortan todos los veranos. Los arbustos no alcanzan toda su madu­rez hasta transcurridos diez o quince años y a partir de entonces su producción anual es de unos 17 l. Cuando crezcan nuevos brotes vigorosos por encima de la copa del arbusto hay que cortarlos a ras de suelo para estimular el desarrollo de los laterales. Hay que acolchar cada año con abundante material orgánico. No debe dejarse cerca cal ni arena de playa.


Plagas y enfermedades:

Orugas: Son la peor plaga de los arándanos. Forman tiendas de seda por encima de las hojas; hay que quitar los huevos durante el verano o eliminarlos junto con las orugas adultas en primavera.

Cancro: Causa heridas de color pardo rojizo sobre el tallo que matan a las yemas y, en casos graves, afectan a todo el tronco y destruyen la planta. Para evitarlo se cultivan los arándanos en un lugar aireado, se mantienen los arbustos despejados y abiertos mediante podas y se elimina de inmediato cualquier material en­fermo.


Recolección y almacenamiento:


Hay que dejar los frutos en la mata hasta que comiencen a ablan­darse, lo cual sucede al cabo de unos diez días de adquirir el color azul. Esto es cuando el contenido en azúcar es máximo y, por con­siguiente, el sabor más intenso y dulce. Si se recogen antes son bas­tante insípidos. Se las balancea ligeramente de modo que las bayas maduras se desprendan y las que no lo están, resistan. Se las con­gela o se las guarda en refrigerador.