viernes, 22 de febrero de 2008

Cuidados de frutales

Cuidados de frutales


El suelo alrededor del tronco se debe mantener cubierto con una capa de pasto seco, paja o aserrín para evitar el crecimiento de malezas y mantener la humedad del suelo.


En los primeros años, mientras las raíces van profundi­zando en el suelo, el árbol necesita de mayores cuidados en el control de malezas y riegos

La fertilización se hace a comienzos de la primavera, incorporando superficialmente dos a cuatro paladas de compost en toda la zona de la sombra de la copa.


Los frutales, por lo general, se forman en vaso con 3 ó 4 ramas principales, podándose anualmente en invierno. Los citrus sólo necesitan podas leves para limpieza de ramas secas o brotes muy vigorosos. Es un error podar excesiva­mente los frutales, porque demoran su entrada en producción y se debilitan.

jueves, 14 de febrero de 2008

Elección de los árboles frutales

Elección de los árboles frutales


Mientras que la elección de los frutales que se van a plantar es en buena medida una cuestión de gusto (y de las condiciones del huerto), un punto importante es el de la fecundación. No es útil plantar sólo, digamos, naranjos "Cox", pues hace falta otra variedad que actúe como polinizador.


Una manera de lograrlo es tener un llamado árbol "de familia", es decir, un patrón con injertos de diversas variedades. Otra solución es cultivar varios ejemplares en cordón u otras formas peque­ñas de variedades diferentes. Si se tiene la suerte de tener un vecino amable que cultive también frutales, conviene consultar con él antes de seleccionar los pro­pios.

El beneficio es mutuo, pues los árboles se polini­zan entre sí. De todas maneras, aunque no exista amis­tad con el vecino, conviene examinar primero qué árbo­les tiene; lo que él no puede hacer es evitar que las abejas lleven el polen de unos a otros. Tampoco le interesa oponerse porque sale asimismo beneficiado.
Mi consejo es seleccionar en general una variedad de frutales tan amplia como sea posible teniendo en cuenta la cuestión de la polinización.

miércoles, 6 de febrero de 2008

El suelo para los frutales

El suelo para los frutales


Al elegir el lugar para los frutales hay que tener en cuenta la calidad del suelo. La mayoría de ellos lo nece­sitan rico y con abundancia de estiércol o compost ya que los árboles y los arbustos pronto agotan los elemen­tos nutrientes del terreno. Las higueras crecen en tierras pobres y los melocotoneros prefieren un suelo arenoso y ligero, pero se trata de dos especies de climas cálidos. Todos necesitan un buen drenaje por lo que si la parcela es húmeda habrá que avenarla de manera artificial. El suelo ha de ser también profundo: los pies altos y semialtos, en particular, hunden sus raíces en profun­didad, aunque los frutales en abanico plantados contra una pared pueden extenderlas por debajo del terreno improductivo ocupado por un sendero o un patio.

Con un frutedo espacioso se piensa a veces en culti­var otras plantas debajo de los árboles frutales forma­dos. Pero apenas es posible: sólo crecerán algunos nar­cisos pero nada comestible. Si se quiere utilizar ese espacio lo mejor es dejarlo para pasto de las ovejas (siempre que no alcancen a las hojas y las ramas de los árboles). El estiércol es una buena contribución a la tie­rra.


Los frutales jóvenes dan en general más frutos y con mayor rapidez si la tierra que cubre sus raíces está des­nuda. Los cultivadores comerciales lo logran rociando la zona con herbicidas, pero es más aconsejable aplicar una buena capa de sustancia orgánica. Sin embargo, si se deja desnudo el terreno hay que reducir la cantidad de estiércol añadido pues éste estimula el crecimiento vegetativo del árbol en lugar de la producción de fruta. No debe despejarse esa zona con medios mecánicos pues se pueden dañar las raíces próximas a la superficie.

jueves, 24 de enero de 2008

La distribución del frutero

La distribución del frutero


En su libro Cottage Economy, William Cobbett recomendaba a sus colonos no cultivar frutales: creía que ocupaban demasiado espacio y sólo servían para que los niños cogieran cólicos. Pero Cobbett no era tan consciente como hoy día del valor de las vitaminas, y creo personalmente que nada mejor que la fruta proporciona al mismo tiempo placer gastronómico y algo que el cuerpo necesita.


Hay pocos placeres comparables con el de comer las primeras fresas del año o preparar una macedonia con las frutas que uno mismo ha recogido. Además, el sentimiento de bienestar espiritual que proporciona recorrer una huerta rebosante de flores o frutas es uno de los mayores deleites de la horticultura.

Sin embargo, la planificación de los frutales requiere grandes cavilaciones. Por un lado, se trata de tres especies distintas de plantas: árboles, arbustos y plantas rastreras. Por otro lado hay que tomar en consideración qué otras cosas se cultivan pues los frutales absorben gran cantidad de nutrientes del suelo y producen una gran zona de sombra. Por último, y esto es lo más importante, requieren una gran superficie.

jueves, 10 de enero de 2008

Trazado del huerto de frutales

Trazado del huerto de frutales


A la vista del problema de la sombra lo más conve­niente es disponer el huerto en forma escalonada. Así, por ejemplo, en la parte norte se colocarán árboles de pie alto, o formados, y de modo progresivo hacia el sur pies semialtos, a continuación arbustos y después algu­nos frutales en espaldera. Delante de ellos se plantan unas filas de frambuesos, después algunos groselleros y por último un macizo de fresas.


Ésta es, desde luego, una disposición ideal, para la cual hace falta un huerto de alguna extensión. Pero el principio es bastante sim­ple: las plantas más altas hacia el norte y las más bajas hacia el sur con lo cual se evita el problema de las som­bras.


La sombra de los frutales:

Los grandes árboles frutales arrojan una gran cantidad de sombra. Si se los planta en el extremo norte del huerto el problema queda resuelto, pero si están en la parte sur lo único que podrá crecer al norte de los mis­mos serán plantas amantes de la umbría tales como el ruibarbo y la menta.

viernes, 4 de enero de 2008

Protección de los frutos

Protección de los frutos


Uno de los factores primordiales que se deben conside­rar a la hora de planificar un frutedo es si se está en condiciones de proteger la fruta contra las aves. Éstas son, con toda probabilidad, el mayor obstáculo para lograr éxito en el cultivo de fruta. Los frutales de baya se deben proteger completamente; quizá la única solu­ción realmente eficaz sea una jaula.

Los cere­zos en particular son muy vulnerables a las aves, y si no están cubiertos por completo con una red, éstas darán cuenta de todas las cerezas antes de que uno pueda pro­bar alguna. Los pinzones reales llegan a destrozar los frutos de cáscara y no conozco otra protección contra ellos que la escopeta.


Hay que tener asimismo en cuenta los daños que otros animales causan a los frutos. Las gallinas no ata­can a los macizos de frutales pero picotean la fruta por lo que conviene mantenerlas alejadas. Hay que alejar asimismo a los gansos y a las cabras, pues devoran en un abrir y cerrar de ojos la corteza de los árboles y los matan.


Para resolver este problema se los mantiene fuera del frutedo o se protegen los troncos con tela metálica que hace imposible que los animales alcancen los árboles.

jueves, 27 de diciembre de 2007

Árboles y arbustos frutales

Árboles y arbustos frutales


Los árboles frutales, además de su fruta proveen de sombra y protección contra vientos.

Es necesario disponer de espacio suficiente para que la sombra de la copa no impida la llegada de luz al resto del huerto.


En caso de contar con poco espacio, es preferible elegir especies de menor tamaño y hoja caduca.

viernes, 14 de diciembre de 2007

Bancales profundos para frutales

Bancales profundos para frutales


En bancales profundos se cultivan también con éxito arbustos frutales y árboles en portainjertos enanos en forma de copa o de pirámide. Alan Chadwick experi­menta en la actualidad con árboles enanos reinjertados, con otros cultivos por debajo y alrededor de los mis­mos. Se trata de una nueva técnica (los hortelanos franceses no se atrevieron nunca a cultivar frutales en sus bancales) pero parece que tiene éxito.


Si se quieren frutales grandes se los planta en banca­les profundos circulares, un árbol en cada uno. Se traza un círculo sobre el terreno que corresponda al área que cubrirá la copa del árbol. Se hace una cava doble y pro­funda a lo largo de los lados —lo ideal es cuatro paleta­das de profundidad— en el lugar donde se plantará. Esto último se hace del modo habitual.


Se sabe que las raíces de los árboles avanzan con mucha mayor rapidez en suelos no consolidados. Se observa también que tienden a dirigirse hacia arriba. Si es posible mantener la tierra suelta y ligera dentro del radio de acción de las raíces, se les brindan las condicio­nes necesarias para crecer con rapidez sin necesidad de cavar de modo constante con la pala o el cultivador. La única manera de lograrlo es no pisar nunca después de haber hecho la cava inicial profunda.

jueves, 6 de diciembre de 2007

Cuánta fruta se debe cultivar

Cuánta fruta se debe cultivar


El tamaño del huerto ejerce una influencia fundamental sobre la cantidad de fruta que puede lograrse. La mayo­ría de ellos pueden —y creo que deberían— dar cabida a algunos frutales de baya. Pero si el huerto es pequeño, el espacio que ocupan, incluso las variedades enanas o emparradas, hace que no merezcan la pena. Es una lás­tima, pero conviene comparar el número de manzanas que da un ejemplar en cordón con el de judías o patatas que se obtienen de la misma superficie.

Incluso aunque el huerto sea más grande es aconseja­ble meditar con cuidado la plantación de frutales. Lo que parece que ocupa poco espacio se convierte en una gran superficie al cabo de los años. A menos que el huerto sea en realidad enorme, desaconsejo plantar fru­tales formados (pie alto). Es mejor poner variedades enanas y algunas en cordón o espaldera. Esto limita, desde luego, el tipo de frutas: es posible emparrar o plantar especies enanas de frutales de cascara dura pero no los de hueso como los ciruelos o los cerezos.


Si se dispone de una superficie amplia para los fruta­les, es posible tener entonces en cuenta los árboles de pie alto. En un área de 54 m2 por ejemplo, caben 16 perales o manzanos bien conformados. Cuando alcan­zan la madurez darán hasta 200 kg de fruta cada uno. Su desventaja inicial es que no se recoge fruta por lo menos hasta seis años después de haberlos plantado, si bien estarán en producción durante 40 ó 50 años. Las variedades enanas fructifican antes pero son menos lon­gevas. En la misma superficie es posible plantar 64 árboles de pie semialto y lograr más o menos la misma producción global (el pie semialto produce un cuarto de la cosecha de un pie alto), y dan fruto a los cuatro o cinco años de la plantación.

martes, 20 de noviembre de 2007

Mandarinas y satsumas

Mandarinas y satsumas


A las mandarinas y las satsumas se las clasifica como Cilrus nobilis. Hay mandarinas de color más intenso que otras y el nombre de satsuma es el que se aplicó a una variedad especial de las mismas. La terminología se ha complicado hoy día y ambos nombres suelen aplicarse a todo el grupo. Los frutos suelen ser de menor tamaño que las naranjas, la piel es más suelta y los gajos se separan con gran facilidad. Su ventaja es que los árboles son más pequeños y más resistentes que los naranjos y, por consiguiente, más adecua­dos para huertos pequeños, terrazas y patios. Se cultivan igual que los naranjos aunque debe tenerse en cuenta que la mayoría de las variedades no son tan productivas como los naranjos dulces.


Kumquat


Un árbol de kumquat resulta algo muy atractivo, en especial en un huerto pequeño, aunque se los cultiva también en terrados, patios y cubetas. Los kumquats pertenecen al género Fortunellas, pero están tan emparentados con el Citrus que son posibles los cruces entre ambos. El aspecto de sus frutos es el mismo que una naranja pequeña. Rara vez miden más de 4 cm de diámetro pero son muy jugosos y de excelente sabor; la piel es sabrosa y resulta excelente para mermeladas y fruta escarchada. Los árboles de kumquat son muy decorativos y rara vez tienen más de 3 ó 3.5 m de alto, con la ventaja adicional de que son más resistentes que ninguna otra espe­cie de cítrico (en especial si están injertados en patrón "Trifolia­do"). Se los cultiva exactamente del mismo modo que los naranjos.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Naranja

Naranja


Lo que la manzana es para las regiones templadas, lo es la naranja para las subtropicales. El naranjo da gran cantidad de un fruto delicioso, que se conserva bien y tiene la enorme ventaja de que se lo puede dejar colgado del árbol durante un periodo de hasta seis meses. Es una fuente rica y segura de vitamina C. En climas tem­plados los naranjos deben cultivarse bajo cristal. Se los cultiva también en tinas que se llevan al interior durante el invierno, aunque su producción es entonces bastante baja.


Suelo y clima:

Los naranjos resisten heladas invernales de hasta —7 °C, pero las temperaturas inferiores a los —4 °C dañan a los frutos y a los bro­tes jóvenes. Prefieren terrenos ligeros; lo ideal es la tierra franca arenosa: la arcilla pesada no resulta conveniente. Es necesario que el suelo esté bien drenado pues no crecen en lugares en donde el nivel de las aguas sea elevado. Les conviene mejor un suelo ligera­mente ácido: toleran un pH comprendido entre 5 y 7, aunque pre­fieren que sea alrededor de 6.


Tratamiento del suelo:

Hay que comprobar si el lugar está bien drenado. Es necesaria una cava profunda e incorporar al terreno material fosfórico y potasa. El fosfato mineral, el polvo de granito, las cenizas de madera, el compost o el estiércol de corral constituyen una buena reserva para las raíces en tiempos futuros.

Multiplicación:

Casi todos los naranjos están injertados en patrones, ya que las variedades de mejor fruto no son las más resistentes y vigorosas. Lo mejor es comprarlos ya injertados pues se trata de una opera­ción delicada. Al comprar los árboles habrá que tomar nota de qué tipo de patrones se trata, pues influyen sobre el tipo de fruto que el árbol producirá. Se indican a continuación los más co­munes:


"Trifoliado": Es el mejor para la mayoría de los huertos. Es muy resistente, soporta el frío mejor que la mayor parte de las demás variedades y es un patrón enano.

"Cleopatra": es el patrón más idóneo para las mandarinas y las naranjas pequeñas.

"Rough lemon": Este patrón prefiere suelos arenosos. Produce fru­tos tempranos pero los árboles tienen una vida bastante corta. "Naraiya dulce": Bueno en terrenos drenados carece de utilidad en arcilla, en donde sufre del mal de pie o podredumbre de la base. Produce pequeños frutos muy jugosos.

"Naraiya amarga": Aunque parezca extraño, este patrón es bueno para naranjas dulces porque es fuerte y resistente a las enfermeda­des.


Existe una gran variedad disponible de patrones. Son en lineas generales las de naranjas dulces, para consumo en fresco, o amar­gas, para la preparación de mermeladas. Las variedades dulces más comunes son "Jaffa", grande y jugosa, "Valencia", buena para el consumo y de temporada de fructificación prolongada, y "Washington Navel", que es la más adecuada para los climas calu­rosos parecidos al del sudoeste de los Estados Unidos.


Los naranjos se plantan en la misma época del año que los man­zanos. Los buenos viveros sirven los ejemplares con las raíces envueltas en saco y con tierra entre ellas. Hay que plantarlos con sumo cuidado para no quitar la tierra que rodea las raíces. Se las coloca envueltas dentro del hoyo; se echa algo de tierra alrede­dor del cepellón y se desenvuelven a continuación cuidadosamente.


Cada árbol debe estar separado de su vecino 7.6 m y si está injer­tado en un patrón enano, como por ejemplo el "Trifoliado", 6 m. Hay que regar en abundancia después de plantar y mantener un riego apropiado durante dos semanas. Después, se sigue regando con regularidad una vez a la semana más o menos, según el tipo de suelo.


Con los naranjos y otros cítricos es posible utilizar una modifi­cación del método del bancal profundo. Se cava un circulo alrede­dor de cada árbol cuyo diámetro sea igual a la envergadura que se espere para las ramas del ejemplar cuando sea adulto. Se mantiene ese círculo elevado, se acolcha con generosidad y no se pisa en­cima.


Cuidados durante el crecimiento:

En las regiones de precipitaciones abundantes a veces es necesario regar en las épocas secas durante los tres primeros años; después ya no hace falta, salvo en caso de extrema sequía. En las regiones secas, en donde escasean las lluvias, hay que regar generosamente los árboles cada dos o tres semanas, echando 90-1401 por cada ejemplar. Una cantidad superior a ésta arrastra los nutrientes fuera del alcance de las raíces. El riego "poco y frecuente" fomenta la podredumbre del pie.


Hay que abonar también el suelo mediante un acolchado abun­dante con material orgánico una vez al año. Si se utiliza material con poco nitrógeno, como heno o paja, hay que añadir algún pro­ducto que lo contenga en mayor concentración, como es el caso de la harina de huesos o de semillas de algodón, para ayudar al mate­rial a pudrirse. Si se echa compost maduro no hay que añadir nada.


La poda es mínima en los naranjos. Vienen del vivero ya poda­dos con el "esqueleto" adecuado de cuatro o cinco ramas. Los bro­tes pequeños que salen por debajo de éstas en el tronco deben arrancarse a mano cuando son pequeños. Para dar nueva vida a ejemplares antiguos hay que podar las ramas viejas; se eligen para ello las del centro del árbol que no reciben demasiado sol. Hay que cortar las que estén dañadas por la helada, pero no hasta el verano siguiente. Es importante no estimular los árboles en exceso mediante la poda de demasiadas ramas. Las superiores crecen a veces tanto que dan sombra a las de abajo. Una poda no lo solu­ciona. En un grupo de varios árboles la solución estriba en quitar uno o dos de manera que llegue más luz a los demás.


Plagas y enfermedades:

Los numerosos insectos que atacan a los naranjos de los huertos inorgánicos rara vez se presentan en los que han sido abonados por medios orgánicos. En estos últimos las heteroderas, por ejemplo, no constituyen nunca un problema ya que sus predadores viven en los árboles no rociados con productos químicos.

Podredumbre del pie: Durante los largos periodos de tiempo húmedo los naranjos son sensibles a esta enfermedad que pudre la corteza cerca del nivel del suelo, y que en casos extremos llega a matar al árbol. Para evitarlo hay que observar unas pocas reglas muy sencillas: el acolchado debe mantenerse al menos a 30 cm del tronco; ese círculo debe quedar libre de hojas caídas y residuos: no debe regarse hacia el tronco y tampoco con demasiada frecuencia; debe quedar siempre libre de tierra la unión entre el tronco y las raíces.


Recolección y almacenamiento:


Una característica excelente de los naranjos es que se puede dejar el fruto en el árbol y recogerlo cuando se quiera. Las naranjas de piel tersa se arrancan retorciéndolas; las de piel suelta se cortan con un poco del pecíolo. Se las guarda refrigeradas a — 1 °C con una humedad del 80 al 90 por ciento, aunque es poco probable que resulte necesario hacerlo pues las naranjas tienen una temporada de recolección muy prolongada. Conviene recordar que una naranja verde no está por necesidad inmadura. Las que tienen todo su color se vuelven a veces verdes cuando el tiempo se torna calu­roso aunque su sabor sigue siendo el mismo.

sábado, 27 de octubre de 2007

Limones y limas

Limones y limas


Aparte de los limones ordinarios se cultiva también el limón Meyer, que es un híbrido muy apropiado para los huertos pequeños. Es resistente —lo suficiente como para sobrevivir a temperaturas de hasta —9 °C— y bastante pequeño. Al aire libre constituye un arbusto de 1.8 m de altura. Crece bien en macetas, en terrados y patios. En la página 212 se explica el modo de cultivar limones en invernadero. Las limas se usan del mismo modo que los limones pero contienen más ácido y mucho más azúcar.


Suelo y clima:

Los limoneros son un poco más delicados que los naranjos y pre­fieren un suelo pesado. Como dan fruto durante todo el año las heladas invernales dañan a veces la cosecha. Esto es aplicable asimismo a las limas, que son todavía menos resistentes. Ambas especies son subtropicales. Toleran la mayoría de los suelos siempre que el nivel freático esté por debajo de hasta donde llegan sus raíces, que no es a más de 1.2 m. Hay que incorporar al terreno abun­dante material fosfático.


Multiplicación:

Deben comprarse los árboles ya injertados. Se plantan igual que cualquier otra especie. Los patrones más habituales son los mismos que para los naranjos. Los limoneros se plantan tam­bién en bancal profundo circular.


Cuidados durante el crecimiento:

Los limoneros necesitan un poco más de poda que los naranjos, la suficiente como para impedir un excesivo vigor que los tornaría vulnerables al mal tiempo. Hay que acortar las ramas dirigidas hacia el exterior y dejar las yemas dirigidas hacia dentro para con­seguir un árbol compacto. Esto puede hacerse en cualquier época del año. En el caso de las limas no hace falta podar. Si los ejempla­res crecen bien pero sin dar fruto, hay que protegerlos contra el viento y administrarles una porción adicional de compost; con estas pequeñas atenciones se consiguen notables resultados.


Recolección:


Tanto la temporada de limones como la de limas dura todo el año en los climas idóneos, por lo que se recogen cuando hacen falta.

martes, 23 de octubre de 2007

Pomelo

Pomelo


El pomelo evolucionó en las Antillas como una mutación de la pamplemusa, que es un fruto basto y bastante feo, pero el pomelo, tal como lo conocemos, es delicioso. Es asimismo una rica fuente de vitamina C.


Suelo y clima:

Necesita un suelo profundo y bien drenado, y lo prefiere algo ácido, a ser posible con un pH 6. En cuanto al clima resiste las mis mas temperaturas que el naranjo (-7 °C) pero necesita más calor para dar un fruto maduro perfecto. En climas templados hay que cultivarlo bajo vidrio.


Tratamiento del suelo:

Un suelo bien drenado es lo esencial. Es importante una cava pro funda, de cuatro paletadas a ser posible, y habrá que incorporar con ella algo de fosfato y potasa. El compost o el estiércol enterra­dos en el terreno son también beneficiosos.


Multiplicación:

Los pomelos suelen injertarse en patrones de naranjo amargo aun­que en suelos pobres y arenosos es mejor hacerlo sobre limonero. Los arbolitos se plantan en cualquier época del año; como son perennes todas las estaciones son iguales. Hay que plan­tarlos con mucho cuidado igual que con otras especies perennes. Hay que separar los árboles 8 m. Se puede hacer también en bancal profundo circular.

Cuidados durante el crecimiento:

El pomelo necesita agua en abundancia. En las regiones de precipi­taciones frecuentes necesitan riego durante los tres primeros años y después casi nunca más. En las regiones secas hay que empaparlos (por ejemplo 110 l) cada tres semanas. No debe echarse el agua encima del tronco. El acolchado abundante es muy conveniente siempre que se haga a 60 cm del árbol. Se poda exactamente del mismo modo que los naranjos; padecen las mismas plagas y enfer­medades.


Recolección y almacenamiento:


El fruto permanece en el árbol durante meses pero cuando comien­zan a volverse amarillos hay que probar alguno para saber cuándo arrancarlos. Una vez recogidos se enjugan con un trapo limpio, se guardan en un lugar fresco durante algunos días y se llevan des­pués al refrigerador. Si no se dispone de este último se los guarda en una fresquera con refrigeración de agua.

domingo, 14 de octubre de 2007

Rutáceas

Rutáceas


Las naranjas, mandarinas, fortúnelas, limones, limas y pomelos son miembros de la familia de las Rutáceas. Debido a que abarca al género Citrus, las Rutáceas son tan importantes para los habitantes de las regiones sub­tropicales como las rosáceas para los de climas templa­dos. Los cítricos son muy aromáticos y perennes.


Los que crecen en las regiones tropicales no tienen tan buen gusto como los cultivados en lo que se deno­mina clima mediterráneo. Por otro lado no resisten las heladas si bien los naranjos son más resistentes en este aspecto que los limoneros, a los que dañan y llegan a matar las temperaturas inferiores a —3 °C. Esto signi­fica que el cultivo de los cítricos al aire libre ha de limitarse a las costas mediterráneas de Europa, a Florida, el sur de California y parte de Arizona en Norteamérica y a Sudáfrica y las regiones subtropicales de Sudamérica y Australia. Pero esto no es óbice para que sean un cul­tivo viable de invernadero: en el siglo XVII fueron muy comunes entre las familias ricas de Inglaterra los inver­naderos llamados "orangeries".


Mi opinión es que si dispusiera sólo de espacio para un árbol de este tipo plantaría un limonero. Un naranjo satisface sólo una pequeña parte de las necesidades de fruta que tiene una familia durante el año, mientras que el limonero cubre todas las necesidades de una familia a este respecto.

miércoles, 3 de octubre de 2007

Pera

Pera


Si todavía queda espacio después de plantar tres manzanos, un peral es una buena opción para ocupar el cuarto lugar, aunque conviene recordar que la mayoría de las variedades necesitan tener cerca otro ejemplar para la polinización. El cultivo de los perales es muy similar al de los manzanos, si bien son bas­tante más exigentes y requieren más cuidados y atenciones.


Suelo y clima:

Las heladas causan más daños a los perales que a los manzanos ya que florecen antes y los hielos llegan a matar las flores. Para fructi­ficar necesitan también un período de letargo. Prefieren suelo pesado pero que esté bien drenado.


Tratamiento del suelo:

Antes de plantar cualquier frutal hay que labrar bien la tierra (una cava intensa) y los perales no constituyen ninguna excepción a esta regla. El suelo debe ser de reacción casi neutra, con un pH entre

6.5 y 7.5.


Multiplicación:

Los perales que se obtienen a partir de semillas no suelen dar buen resultado. Para producir árboles que den fruto y que sean resisten­tes y vigorosos hace falta injertar. La diferencia entre ellos y los manzanos radica en que a veces requieren una operación doble o sobreinjerto.

La East Mailing Research Station goza de renombre universal como proveedora de portainjertos o patrones para pera­les. El más utilizado es el membrillero "Mailing A". Si se quieren árboles enanos hay que utilizar el membrillero "Mailing C". Los perales suelen ser autoestériles y hay que plantarlos juntos con otras variedades para la fecundación mutua. En la página 98 se explica cómo se planta un árbol frutal. También pueden cultivarse en bancal profundo circular, o separados 1.8 m en ban­cal profundo ordinario si se los mantiene de pequeño tamaño.


Cuidados durante el crecimiento:

Excepto que soportan una poda más intensa que los manzanos sin desarrollarse por eso en exceso, el procedimiento con ambas espe­cies es idéntico. A los perales de fruc­tificación apical se los trata del mismo modo que a los manzanos del mismo tipo.


Si un ejemplar deja de echar nueva vegetación, lo cual sucede a veces en árboles todavía vivos, hay que podar los brotes leñosos de dos o hasta de tres años para estimular así un nuevo desarrollo.




Plagas y enfermedades:

A los perales los pueden atacar las mismas enfermedades que a los manzanos y hay que tomar las mismas medidas.

Tizón: En Gran Bretaña hay que denunciar su presencia en cuanto aparece. Ataca durante la época de floración y hace que las flores se oscurezcan y marchiten; todas las partes del árbol acaban enne­greciéndose como si hubieran ardido. Hay que cortar las partes afectadas al menos desde 15 cm del punto de infección con un cuchillo esterilizado y quemarlas de inmediato.

Erinosis del peral: Se debe a un acaro que ataca a las hojas en pri­mavera y hace que aparezcan sobre ellas ampollas verdes o rojas. Hay que arrancar las hojas atacadas y quemarlas sin dilación.

Fitoptoriosis: Es una enfermedad causada por un hongo. Aparecen manchas pardas sobre la piel del fruto y se pudre la pulpa. Hay que quemar los frutos afectados y rociar con caldo bórdeles.


Recolección y almacenamiento:


Hay que recoger las peras poco antes de que estén del todo maduras, en cuanto se desprendan con facilidad al tirar de ellas. Deben tomarse muchas precauciones para no magullarlas. Se las guarda igual que las manzanas a una temperatura lo más cercana posible a — 1 °C, aunque antes de consumirlas se las lleve a la temperatura ambiente y se las deje madurar.

lunes, 24 de septiembre de 2007

Rosáceas

Rosáceas


Manzanas, peras, membrillos, cerezas, melocotones, albaricoques, ciruelas, frambuesas, zarzamoras y fresas son frutos producidos por miembros de la útil y hermosa familia de las Rosáceas. Es una enorme familia que incluye asimismo a la agrimonia, la pimpinela o sanguisorba, el serbal, más de 500 especies de espinos y, desde luego, a los rosales.

La mayoría de los frutales cultivados en climas templados pertenecen a esta familia que tiene varias subdi­visiones: entre ellas hay plantas con fruto de hueso como por ejemplo las cerezas y las ciruelas, las que tie­nen bayas como en el caso de las fresas y las frambue­sas, y las que dan lo que los botánicos llaman pomos.


Los insectos polinizan a todas las especies, razón por la cual tienen flores tan atractivas. Dependen también de las aves y de los mamíferos para propagar sus semi­llas —bien estercoladas— por lo que sus frutos son muy vistosos y además comestibles. Y así, con la ayuda de otros seres vivientes, el ciclo se renueva y las Rosáceas siguen alegrando nuestras vidas.

viernes, 21 de septiembre de 2007

Zarzamora

Zarzamora


En la mayoría de las regiones templadas del mundo las zarzamoras crecen silvestres casi en cualquier lugar, y cogerlas constituye una diversión. De todas maneras, para contar con un suministro regu­lar vale la pena cultivar algunos arbustos.


Suelo y clima:

Existen diversas especies de zarzas y a partir de ellas se han obte­nido diversas variedades cultivadas que se adaptan a cualquier clima desde la región templada más fría hasta otras subtropicales. Prefieren un suelo rico y bien drenado (pH 7), en un lugar resguar­dado.


Multiplicación:

Las zarzas se propagan mediante esqueje, renuevos, acodo, o por división de la raíz, para lo cual se desentierra un trozo de planta con raíces y se la vuelve a plantar. El método más sencillo de todos es a partir de esqueje apical, que consiste en cortar el ápice de un tallo e introducirlo en tierra, donde echará raíces. Todo el material de plantación se envuelve en musgo o papel de periódico húmedo y se guarda en una bolsa de plástico hasta que se necesite.


Si se quieren obtener a partir de semilla hay que "estratificar­las", es decir, tenerlas metidas en invierno durante tres meses en una caja llena de arena a la temperatura ambiente y después alma­cenarlas a 4°C durante otros tres meses.


La plantación de esquejes, acodos, raíces o plantones se hace a finales del otoño o comienzos de la primavera. Las semillas se siembran al comienzo de la primavera. Hay que dejar 1.8 m entre los arbustos.


Cuidados durante el crecimiento:

Las moras crecen sobre las ramas del último año por lo que con la poda invernal deben cortarse todas las que ya hayan dado fruto, a menos que sean de las variedades "Himalaya" o "Evergreen". Estas fructifican durante varios años en la misma rama y no es necesario podarlas con tanta intensidad. Deben dejarse, por regla general, unas diez nuevas ramas fuertes para el año siguiente.

Plagas y enfermedades:

Roya: Se manifiesta en forma de esporas de color naranja intenso por debajo de las hojas. Si la planta produce tallos largos y delga­dos con hojas estrechas hay que mirar si está enferma. Deben arrancarse y quemarse los ejemplares afectados.


Recolección y almacenamiento:


Las zarzamoras están en condiciones de ser recogidas cuando casi se caen de la zarza. Se meten en cajas poco hondas en el refrigera­dor o se las congela para consumo en invierno.

martes, 18 de septiembre de 2007

Cerezas

Cerezas


Sólo merece la pena plantar un cerezo si el huerto reúne dos condiciones. Primero, ha de sobrar espacio después de haberlo dedicado a las hortalizas, los frutos de baya y los de mayor consumo, como los manzanos, perales y ciruelos; un cerezo ocupa una enorme extensión, a veces de hasta 45 m2. Segundo, el huerto debe estar relativamente libre de aves. Si no es así, devorarán gran parte del fruto, y entonces lo mejor que podrá hacerse será cultivarlo contra una pared y cubrirlo con una red.


Existen dos tipos de cerezas: las propiamente dichas y las guindas. Hablando en un sentido general, las primeras son para con­sumo en fresco y las segundas se destinan para cocción, embotellado y preparación de mermeladas. Las últimas tienen la ventaja que resultan menos atractivas para los pájaros y que se pueden cul­tivar en cualquier parte del huerto, mientras que las primeras requieren un lugar soleado o una pared orientada al sur. Hay una variedad de guinda, la garrafal, que es la más adecuada para cul­tivo pues es resistente y autofértil.

Suelo y clima:

Los cerezos crecen en tierra franca ligera y bien drenada. Prospe­ran incluso en terrenos de grava, aunque hunden mucho sus raíces por lo que deberá tratarse de suelos profundos. Los cerezos amar­gos crecen en arcillas mejor que los anteriores, si bien prefieren también un terreno ligero y profundo. Ambas variedades muestran preferencia por un pH de 6 ó 7 aunque toleran más cal que los manzanos llegando a admitir un pH de hasta 8. Crecen en climas templados, pero hay variedades que dan fruto en otros más extre­mados. Sin embargo, las flores de la mayoría de las variedades son sensibles a las heladas y no deben cultivarse en donde se produz­can embolsamientos de aire helado.


Tratamiento del suelo:

Hay que hacer una labranza integral (es decir, una cava en profun­didad).


Multiplicación:

Las púas de cerezo suelen injertarse en patrones de cerezo silvestre. El más común es el Mailing 12/1. Lo más sencillo es comprar el cerezo que se desea, ya injertado, pero si uno mismo quiere preparar los propios injertos, en la página 99 se describen los métodos más apropiados. Como casi ningún cerezo puede ferti­lizarse a sí mismo, conviene tener dos variedades injertadas en el mismo árbol. Deben elegirse dos que florezcan al mismo tiempo. Los árboles se plantan igual que los manzanos. Hay que separarlos en el huerto 13 m. Si crecen en un arriate contra una pared, conviene cultivarlos en bancal profundo. En los demás casos son demasiado grandes para seguir este método.


Cuidados durante el crecimiento:

Se los poda según se indica en la ilustración inferior. Conviene apli­car una materia rica en nitrógeno a razón de 28 g por cada año de desarrollo del árbol, hasta que alcance los cinco años. Todo lo que hay que hacer es extender el producto utilizado por el suelo cerca de la base del árbol. Pasado ese primer período, deben aplicarse 140 g por año. Con 500 g de harina de semilla de algodón o 225 g de harina de sangre se facilitan al árbol los 28 g de nitrógeno reco­mendados.


El suelo debe permanecer desnudo debajo de los cerezos durante los cinco primeros años, aunque no hay que excavar en profundi­dad. Es suficiente con una labor de azada o un acolchado. Tras el quinto año se eliminan las malas hierbas y se plantan algunos nar­cisos, tulipanes o crocos a su alrededor, se siembra césped y se deja crecer. La otra posibilidad es dejar correr unas gallinas por debajo. Si se hace esto hay que asegurarse de que son las suficientes como para producir 11 kg de estiércol al año.


Plagas y enfermedades:

Pulgón negro: Estos pulgones hacen que las hojas se ricen, fenó­meno acompañado a veces por la aparición de manchas negras. Si los árboles están invadidos hay que rociarlos con una solución de alquitrán o caldo borgoñés.

Mal del plomo: Si no se controla esta enfermedad llega a matar el árbol. La causa un hongo que vive sobre madera muerta por lo que no aparece si se poda bien a principios del verano y se recubren las heridas con pintura.


Recolección

Las cerezas dulces se recogen cuando están maduras y se las con­sume de inmediato. Las acidas se arrancan dejando el pecíolo, de lo contrario se las desgarraría.

jueves, 6 de septiembre de 2007

Ciruelas

Ciruelas


Las ciruelas son cultivos sencillos comparados con las manzanas, las peras y los melocotones. Son bastante resistentes, no sufren excesivas enfermedades y dan abundante cosecha por espacio de varios años. Hay multitud de variedades entre las que destacan la damascena, la Claudia, la de dama, la de pernigón, etc.


Suelo y clima:

Los ciruelos prefieren suelo profundo pero prosperan también en arcillas o margas profundas siempre que estén bien drenadas, pero no en las superficiales y secas. Los ciruelos damascenos toleran algo mejor los suelos poco profundos. Los ciruelos florecen tem­prano y son, por consiguiente, vulnerables a las heladas primavera­les por lo que no se los debe plantar en lugares en donde se reman­sen bolsas de aire frío. Lo mismo que otros frutales de climas templados, necesitan pasar por una fase de inactividad durante los inviernos fríos.


Tratamiento del suelo:

El mejor es un suelo de reacción neutra, con un pH de 7 más o menos, por lo que habrá que encalar si es ácido. Se labra (cava profunda) la tierra antes de plantarlos y si es posible se cultivan una o incluso dos cosechas de abono verde. Se las entierra después con la azada o con el motocultor. El terreno debe estar bien drena­do. De lo contrario, hay que llenar el fondo del hoyo con una capa de 30 cm de piedras y enterrar una tubería que conduzca el agua hasta un foso o un terreno más bajo.


Multiplicación:

Los ciruelos comunes y los damascenos han de injertarse siempre, como también lo estarán casi siempre los adquiridos en vivero. "Myrobalan B" es un buen patrón para árboles grandes de fruto abundante que toleren la arcilla. "St. Julien A" y "Common Plum" son mejores para ejemplares pequeños. Los ciruelos se plan­tan igual que los manzanos. No son autopolinizantes por lo que hay que plantar al menos dos, o más variedades compati­bles. Hay que asesorarse al respecto en un vivero. Hay que dejar 7 m entre los árboles formados (o pie alto) si están sobre patrón "Myrobalan", y 4.5 m entre los ejemplares plantados sobre patrón enano como por ejemplo "St. Julien". Los ciruelos se plantan tam­bién en bancal profundo circular. La plantación se hace a comienzos del invierno, pero en las regiones de inviernos excepcionalmente fríos se efectúa al inicio de la primavera.

Cuidados durante el crecimiento:

La abundancia de abono favorece a los ciruelos. Es muy conveniente soltar gallinas u otras aves por debajo de ellos; si no, hay que aplicar una buena cobertura de compost o estiércol de establo o de vacuno.


Poda: Los ciruelos se podan para darles las formas diferentes. La primera poda se hace en el momento de plantar el árbol, y las posteriores a comienzos del verano, ya que si se reali­zan en invierno existe el peligro de aparición del mal del plomo.


Los ciruelos producen algunos años un peso considerable de fruto y como sus ramas suelen ser bastante débiles, aquellas que tengan mayor cantidad de fruta requieren soporte. Hay dos mane­ras de hacerlo.


Plagas y enfermedades:

Los ciruelos sufren las mismas plagas y enfermedades que los man­zanos (véase Manzana) aparte de algunas propias.

Mal del plomo: El síntoma es que las hojas se platean, pero la enfermedad ataca y mata a todo el árbol. Lo causa un hongo que crece sobre madera muerta. Cuando se hace la poda intensa de comienzos del verano hay que quemar el ramaje cortado y cubrir las heridas con pintura con lo cual se queda a salvo de la enferme­dad.

Tizón bacteriano: Se evidencia primero en forma de rayas negras sobre los brotes jóvenes. Aparecen más tarde manchas negras sobre las hojas y los frutos, que se vuelven incomestibles. No hay más cura que podar y quemar la madera cortada. Algunas varieda­des son más resistentes que otras. El patrón "Myrobalan" confiere un cierto grado de inmunidad.

Pudrición del corazón: Se produce a veces cuando se dejan en el árbol tocones serrados; los tocones curan con lentitud por lo que las bacterias pueden penetrar y matar la madera que hay por debajo de la corteza. Para evitarlo hay que cortar todas las ramas a ras del tronco.


Recolección y almacenamiento:


Para preparar mermeladas o jaleas, o para embotellar (para lo cual las ciruelas son excelentes), se recogen los frutos cuando aparece el vello sobre ellos aunque antes de que se vuelvan blandos. Para consumo fresco se las recoge cuando están maduras, que es cuando se arrancan con facilidad del árbol. En los climas secos y cálidos las ciruelas destinadas a ser pasas se dejan en el árbol hasta que están bien secas y caen con facilidad. Se las seca después en bandejas al sol. En climas húmedos hay que hacerlo por medios artificiales.

miércoles, 29 de agosto de 2007

Ciruelas

Ciruelas


Las ciruelas son cultivos sencillos comparados con las manzanas, las peras y los melocotones. Son bastante resistentes, no sufren excesivas enfermedades y dan abundante cosecha por espacio de varios años. Hay multitud de variedades entre las que destacan la damascena, la Claudia, la de dama, la de pernigón, etc.


Suelo y clima:

Los ciruelos prefieren suelo profundo pero prosperan también en arcillas o margas profundas siempre que estén bien drenadas, pero no en las superficiales y secas. Los ciruelos damascenos toleran algo mejor los suelos poco profundos. Los ciruelos florecen tem­prano y son, por consiguiente, vulnerables a las heladas primavera­les por lo que no se los debe plantar en lugares en donde se reman­sen bolsas de aire frío. Lo mismo que otros frutales de climas templados, necesitan pasar por una fase de inactividad durante los inviernos fríos.


Tratamiento del suelo:

El mejor es un suelo de reacción neutra, con un pH de 7 más o menos, por lo que habrá que encalar si es ácido. Se labra (cava profunda) la tierra antes de plantarlos y si es posible se cultivan una o incluso dos cosechas de abono verde. Se las entierra después con la azada o con el motocultor. El terreno debe estar bien drena­do. De lo contrario, hay que llenar el fondo del hoyo con una capa de 30 cm de piedras y enterrar una tubería que conduzca el agua hasta un foso o un terreno más bajo.


Multiplicación:

Los ciruelos comunes y los damascenos han de injertarse siempre, como también lo estarán casi siempre los adquiridos en vivero. "Myrobalan B" es un buen patrón para árboles grandes de fruto abundante que toleren la arcilla. "St. Julien A" y "Common Plum" son mejores para ejemplares pequeños. Los ciruelos se plan­tan igual que los manzanos. No son autopolinizantes por lo que hay que plantar al menos dos, o más variedades compati­bles. Hay que asesorarse al respecto en un vivero. Hay que dejar 7 m entre los árboles formados (o pie alto) si están sobre patrón "Myrobalan", y 4.5 m entre los ejemplares plantados sobre patrón enano como por ejemplo "St. Julien". Los ciruelos se plantan tam­bién en bancal profundo circular. La plantación se hace a comienzos del invierno, pero en las regiones de inviernos excepcionalmente fríos se efectúa al inicio de la primavera.


Cuidados durante el crecimiento:

La abundancia de abono favorece a los ciruelos. Es muy conveniente soltar gallinas u otras aves por debajo de ellos; si no, hay que aplicar una buena cobertura de compost o estiércol de establo o de vacuno.


Poda: Los ciruelos se podan para darles las formas diferentes. La primera poda se hace en el momento de plantar el árbol, y las posteriores a comienzos del verano, ya que si se reali­zan en invierno existe el peligro de aparición del mal del plomo.


Los ciruelos producen algunos años un peso considerable de fruto y como sus ramas suelen ser bastante débiles, aquellas que tengan mayor cantidad de fruta requieren soporte. Hay dos mane­ras de hacerlo.


Plagas y enfermedades:

Los ciruelos sufren las mismas plagas y enfermedades que los man­zanos (véase Manzana) aparte de algunas propias.

Mal del plomo: El síntoma es que las hojas se platean, pero la enfermedad ataca y mata a todo el árbol. Lo causa un hongo que crece sobre madera muerta. Cuando se hace la poda intensa de comienzos del verano hay que quemar el ramaje cortado y cubrir las heridas con pintura con lo cual se queda a salvo de la enferme­dad.

Tizón bacteriano: Se evidencia primero en forma de rayas negras sobre los brotes jóvenes. Aparecen más tarde manchas negras sobre las hojas y los frutos, que se vuelven incomestibles. No hay más cura que podar y quemar la madera cortada. Algunas varieda­des son más resistentes que otras. El patrón "Myrobalan" confiere un cierto grado de inmunidad.

Pudrición del corazón: Se produce a veces cuando se dejan en el árbol tocones serrados; los tocones curan con lentitud por lo que las bacterias pueden penetrar y matar la madera que hay por debajo de la corteza. Para evitarlo hay que cortar todas las ramas a ras del tronco.


Recolección y almacenamiento:


Para preparar mermeladas o jaleas, o para embotellar (para lo cual las ciruelas son excelentes), se recogen los frutos cuando aparece el vello sobre ellos aunque antes de que se vuelvan blandos. Para consumo fresco se las recoge cuando están maduras, que es cuando se arrancan con facilidad del árbol. En los climas secos y cálidos las ciruelas destinadas a ser pasas se dejan en el árbol hasta que están bien secas y caen con facilidad. Se las seca después en bandejas al sol. En climas húmedos hay que hacerlo por medios artificiales.