miércoles, 3 de octubre de 2007

Pera

Pera


Si todavía queda espacio después de plantar tres manzanos, un peral es una buena opción para ocupar el cuarto lugar, aunque conviene recordar que la mayoría de las variedades necesitan tener cerca otro ejemplar para la polinización. El cultivo de los perales es muy similar al de los manzanos, si bien son bas­tante más exigentes y requieren más cuidados y atenciones.


Suelo y clima:

Las heladas causan más daños a los perales que a los manzanos ya que florecen antes y los hielos llegan a matar las flores. Para fructi­ficar necesitan también un período de letargo. Prefieren suelo pesado pero que esté bien drenado.


Tratamiento del suelo:

Antes de plantar cualquier frutal hay que labrar bien la tierra (una cava intensa) y los perales no constituyen ninguna excepción a esta regla. El suelo debe ser de reacción casi neutra, con un pH entre

6.5 y 7.5.


Multiplicación:

Los perales que se obtienen a partir de semillas no suelen dar buen resultado. Para producir árboles que den fruto y que sean resisten­tes y vigorosos hace falta injertar. La diferencia entre ellos y los manzanos radica en que a veces requieren una operación doble o sobreinjerto.

La East Mailing Research Station goza de renombre universal como proveedora de portainjertos o patrones para pera­les. El más utilizado es el membrillero "Mailing A". Si se quieren árboles enanos hay que utilizar el membrillero "Mailing C". Los perales suelen ser autoestériles y hay que plantarlos juntos con otras variedades para la fecundación mutua. En la página 98 se explica cómo se planta un árbol frutal. También pueden cultivarse en bancal profundo circular, o separados 1.8 m en ban­cal profundo ordinario si se los mantiene de pequeño tamaño.


Cuidados durante el crecimiento:

Excepto que soportan una poda más intensa que los manzanos sin desarrollarse por eso en exceso, el procedimiento con ambas espe­cies es idéntico. A los perales de fruc­tificación apical se los trata del mismo modo que a los manzanos del mismo tipo.


Si un ejemplar deja de echar nueva vegetación, lo cual sucede a veces en árboles todavía vivos, hay que podar los brotes leñosos de dos o hasta de tres años para estimular así un nuevo desarrollo.




Plagas y enfermedades:

A los perales los pueden atacar las mismas enfermedades que a los manzanos y hay que tomar las mismas medidas.

Tizón: En Gran Bretaña hay que denunciar su presencia en cuanto aparece. Ataca durante la época de floración y hace que las flores se oscurezcan y marchiten; todas las partes del árbol acaban enne­greciéndose como si hubieran ardido. Hay que cortar las partes afectadas al menos desde 15 cm del punto de infección con un cuchillo esterilizado y quemarlas de inmediato.

Erinosis del peral: Se debe a un acaro que ataca a las hojas en pri­mavera y hace que aparezcan sobre ellas ampollas verdes o rojas. Hay que arrancar las hojas atacadas y quemarlas sin dilación.

Fitoptoriosis: Es una enfermedad causada por un hongo. Aparecen manchas pardas sobre la piel del fruto y se pudre la pulpa. Hay que quemar los frutos afectados y rociar con caldo bórdeles.


Recolección y almacenamiento:


Hay que recoger las peras poco antes de que estén del todo maduras, en cuanto se desprendan con facilidad al tirar de ellas. Deben tomarse muchas precauciones para no magullarlas. Se las guarda igual que las manzanas a una temperatura lo más cercana posible a — 1 °C, aunque antes de consumirlas se las lleve a la temperatura ambiente y se las deje madurar.