jueves, 22 de marzo de 2007

Grosellas negras

Grosellas negras


Son una de las mejores fuentes de vitamina C en los climas fríos y húmedos. Alaska no está tan al norte como para no encontrar allí groselleros y crecen también en Escocia y en Suecia. Son resisten­tes y fáciles de cultivar, su fruto se almacena bien y con él se prepa­ran deliciosas conservas y vinos. Las cosechas son abundantes y no ocupan excesivo espacio. No hay que esperar mucho tiempo para recoger los primeros frutos. En mi opinión, de todas las fru­tas, las grosellas negras o casis son las que dan más satisfacciones.

Suelo y clima:

Una marga arcillosa pesada y fértil con abundante materia orgá­nica es excelente para los groselleros negros, aunque es posible cul­tivarlos en casi cualquier terreno con tal de añadir suficiente com-post o estiércol de granja. Yo los he cultivado con éxito en arcillas llenas de cantos y en arena, si bien tenía que acolchar cada año con abundante materia orgánica. Una gran ventaja de los groselleros negros es que son lo suficientemente resistentes como para permitir que se los plante en remansos de aire frío. Prefieren un clima fresco y húmedo ya que los vientos cálidos secan sus hojas. Se los puede cultivar asimismo en climas secos y calurosos si disponen de algo de sombra, como sucede en la fachada orientada al norte de una casa. Se los puede cultivar intercalados con manzanos aunque en este caso hay que asegurarse de que los arbustos no quedan priva­dos de humedad ni expuestos al calor.


Tratamiento del suelo:

Los groselleros negros tienen raíces superficiales. De todas mane­ras, hay que preparar el terreno con una cava profunda ya que el suelo bien drenado y aireado los beneficia. Hay que añadir también materia orgánica abundante antes de la plantación. Si resulta fácil de adquirir, se incorporará fosfato mineral, pezuñas o cuernos des­menuzados o cualquier otro producto que se descomponga con lentitud y libere poco a poco los elementos nutrientes. En mi caso aplico siempre mucho estiércol, pero no utilizo compost descom­puesto ya que lo reservo para otras especies que no pueden pasarse sin él. Para todos los frutos de baya, incluidas las grosellas negras, empleo estiércol de vacuno o de establo.


Hay que asegurarse de que el terreno queda libre de malezas perennes: una vez asentados los arbustos resulta muy difícil des­truir las malas hierbas.


Multiplicación:

Para comenzar, lo mejor es adquirir arbustos en un buen vivero con el fin de estar seguro de que son ejemplares sanos. Después es ya posible multiplicarlos uno mismo indefinidamente, ya que esta especie se reproduce con gran facilidad por esquejes. Debido a que las yemas comienzan su desarrollo apenas iniciada la primavera, hay que plantar los arbustos a finales del invierno; si éstos no son rigurosos se hará en otoño, de modo que las raíces puedan arraigar antes de que el terreno se hiele.


Al plantar los nuevos arbustos hay que excavar hoyos superfi­ciales y anchos separados 1.2 m. Si las raíces de la planta están secas, se las remoja con agua durante algunas horas antes de la plantación. Hay que extenderlas con cuidado y eliminar primero cualquiera que esté dañada o rota. Con el método del bancal pro­fundo se coloca una hilera de arbustos en el centro del mismo a intervalos de 1.2 m, a ser posible alternando los groselle­ros con uva espina. Los lados del bancal se utilizan para plantar hortalizas anuales. En cuanto estén plantados los arbustos, se recortan las ramas hasta las yemas dirigidas hacia afuera y se dejan al menos tres o cuatro yemas en cada rama.


Cuando se multiplica por esqueje, hay que usar leña de la tem­porada. Los groselleros fructifican en las del año anterior por lo que no es conveniente recortar en exceso la vegetación nueva. Sin embargo, al podar arbustos viejos es inevitable eliminar cierta can­tidad de ramas viejas sobre las que han crecido otras nuevas.


Cuidados durante el crecimiento:

Hay que podar los arbustos una vez al año a principios del invierno, sin olvidar que sólo dan fruto en las ramas de la tempo­rada anterior por lo que es inútil esperar una cosecha durante el primer año. Por consiguiente, hay que respetar las ramas nuevas (amarillas o pardo claro) de cada año de modo que fructifiquen al año siguiente, pero debe cortarse toda la vegetación que ya haya dado fruto. Es fácil averiguar cuál es ésta pues conserva todavía los pecíolos de las grosellas.


Debe acolcharse con estiércol abundante y cenizas de madera, cuando se dispone de ellos y mantener el terreno libre de malezas.


Plagas y enfermedades:

Antracnosis del grosellero: Esta enfermedad hace que todas las hojas se pongan marrones a mediados del verano y caigan. Hay que arrancar todas las que estén afectadas y quemarlas o incorpo­rarlas a un montón caliente de compost.

Gusano del grosellero: Los gusanos atacan a veces a los groselle­ros negros. Sucede con más frecuencia en América que en Europa. Hay que examinar las grosellas que maduran antes de tiempo y destruir todas las que tengan gusanos.

Abultamiento de las yemas: Esta enfermedad es muy común y hace que las yemas nuevas se hinchen a comienzos del verano. Lo que hay que hacer es arrancarlas y quemarlas.

Reversión: El acaro causante del abultamiento de las yemas es el trasmisor del virus de la reversión. Las hojas de la planta cambian de forma y adquieren un aspecto acicular. El arbusto florece más temprano y las flores son de color más vivo de lo normal, pero la cosecha es pésima y breve. No hay cura para este mal por lo que en cuanto que se lo perciba hay que arrancar las plantas afectadas y quemarlas.

Minadores: Hay que aplicar en enero un lavado invernal con un rociado a base de aceite y alquitrán para evitar esta plaga; esa mezcla repele también a los pulgones. Si se observan hojas que se marchitan por la punta hay que cortar la rama hasta encontrar el túnel y matar al insecto.

Roya / Apoplejía: Estas dos enfermedades ocasionadas por hongos se deben a un exceso de nitrógeno. Hay que eliminar cualquier rama que parezca teñida o que muestre las típicas manchas rojas de la roya. Hay que cortar hasta llegar a una parte sana y quemar después la vegetación afectada. Se deja después de administrar estiércol rico en nitrógeno, como por ejemplo el de establo; en su lugar se aplican residuos vegetales, heno o paja y un poco de com­post maduro.


Recolección y almacenamiento:


Si no hay pájaros es posible dejar las grosellas en el arbusto; si se dispone de una jaula adecuada para frutales tampoco corre prisa la recolección. Sin embargo, no deben dejarse demasiado tiempo o caerán al suelo. Las grosellas se congelan bien, se guardan en bote­llas y se preparan con ellas excelentes vinos, jaleas o mermeladas. Crudas y con nata constituyen uno de los máximos placeres para el hortelano.